Las conferencias TED (Tecnología, Entretenimiento, Diseño) son una serie de charlas en forma monólogo impartidas por ponentes que además de ser expertos en multitud de áreas (ciencia, política, medicina, sociedad, tecnología, etc) son extraordinarios comunicadores. Gracias al talento y la preparación de estos notables, el objetivo de las charlas, difundir ideas, se ha convertido en toda una inspiradora revolución mental, haciendo temblar los cimientos del conocimiento popular.
Asistir a estas conferencias, que vienen celebrándose en California desde 1984 y se han convertido en todo un referente en cuanto a divulgación científica, social y cultural se refiere, cuesta la desorbitada cifra de 6.000 dólares, pero gracias a que están realizadas con licencia Creative Commons, pueden difundirse libremente a través de internet. Por cierto, pese a que todas las charlas son originariamente en inglés, gracias al Open Translation Project, existen subtítulos en una gran variedad de idiomas para muchas de ellas, siendo el español, con 680 conferencias subtituladas (a día de hoy), el lenguaje más subtitulado.
Como ejemplo, os dejo con la conferencia de Jill Bolte Taylor, una prestigiosa neuróloga en el Centro de Recursos de Tejidos Cerebrales de Harvard, escogida por la revista Time como una de las personas más influyentes del año 2008, y que, con 37 años sufrió una embolia cerebral. Afortunadamente, gracias a sus conocimientos científicos pudo ser consciente de como el hemisferio izquierdo de su cerebro, responsable de las funciones analíticas, se deterioraba. Sin embargo el derecho, responsable de la creatividad, la sensibilidad artística y de donde emana la sensación de paz y felicidad, emergía como nunca antes había experimentado, logrando así lo más parecido al nirvana. Mejor, que os lo cuente ella:
Finalmente, y para que os hagáis una idea de a donde se dirigen los derroteros, os dejo un vídeo resumen de las 10 charlas más vistas:
La telequinesis, la hipotética capacidad humana para interactuar directamente con objetos a través de nuestros pensamientos, ha sido una de las grandes e incumplidas promesas de la ciencia, tan solo abrazada por la utópica dimensión de la ficción. Afortunadamente, y aunque la investigación y sobretodo el desarrollo tecnológico en este campo se encuentre todavía en estado embrionario, la ciencia, muy tímidamente, empieza a ofrecer soluciones para este antiguo anhelo parapsicológico.
Actualmente, ya existen dispositivos que permiten una cierta interacción con determinados instrumentos (como por ejemplo un brazo robótico) a través de las ondas cerebrales. Pueden distinguirse varios tipos de estos dispositivos en función de lo invasiva que resulta la tecnología utilizada:
En primer lugar existen los sensores de ondas cerebrales mediante el electroencefalograma, normalmente en forma de cascos o cintas para la cabeza. Se trata de una tecnología no invasiva, pero que por contra, tampoco ofrece posibilidades de control demasiado precisas. Como curiosidad, existen aplicaciones, como las de Intendix, destinadas a personas discapacitadas cuya función es asistir a la pulsación de teclas o incluso juegos comerciales como Mindflex de Mattel:
A continuación se encuentran los dispositivos que utilizan los denominados sensores de conducción neuronal, mucho más precisos que los anteriores, pues van implantados bajo la piel o incluso en los propios músculos de los usuarios, por lo que aparecen problemas añadidos derivados de la salud como infecciones, hemorragias y otras complicaciones derivadas de la degradación de los elementos del dispositivo en el interior del cuerpo humano. Afortunadamente se está trabajando en solventar los inconvenientes derivados de lo invasivo de esta tecnología. Un buen ejemplo es Audeosensor un dispositivo, que partiendo de esta idea, se encarga de monitorizar y recoger las señales producidas por los músculos faringeos para, en la práctica, conseguir algo parecido a reproducir los pensamientos. Las aplicaciones para personas que sufren problemas en el habla, son obvias.
Y finalmente se encuentran las interficies neuronales integradas. Se trata de electrodos que van implantados directamente en el tejido cerebral (con la consiguiente complicación quirurgica que ello conlleva) y que, hasta ahora venía utilizándose en sentido contrario; usando estos electrodos, no para recoger información proporcionada por nuestro cerebro, sino para estimular ciertas zonas de nuestra red neuronal a través de la estimulación eléctrica. Esta técnica se ha utilizado ya para la estimulación de la producción de dopamina (la hormóna asociada a la felicidad), y técnicamente sería posible utilizar la tecnología para la obtención de datos muy precisos que permitieran utilizar nuestro cerebro como medio de control. Dicha técnica ya se ha experimentado con animales. En el siguiente vídeo podéis ver un simio que controla un brazo mecánico a través de un dispositivo implantado directamente en su tejido neuronal:
Como veis, los avances en este campo son más que prometedores. Además, el periodo de entrenamiento y adaptación para poder controlar esta clase de dispositivos es tan solo de unos pocos días.
Por otra parte, también existen otros desarrollos paralelos que, aunque no parten exactamente de la idea de recoger, interpretas y aplicar las señales que producen nuestro cerebro a través de nuestros pensamientos, sí que comparten la implantación de dispositivos tecnológicos en el propio cuerpo humano para solventar carencias propias de nuestra especie o, sobretodo, ciertos traumas, como por ejemplo los dispositivos implantados en el nervio óptico, con un concepto similar a los sensores de las cámaras digitales, que podrían servir para proporcionar, de momento, algo de visión a ciertas personas invidentes.
Es la ciencia la magia de la era moderna. Una promesa, lentamente cumplida, de la vida soñada. Pero tampoco el intelecto, la chispa del verdadero don humano, se ha librado de las perversiones de nuestras sombras más oscuras y humanas: la envidia, la avaricia y el egoísmo. Y es que la historia, está plagada de grandes inventores, de verdaderos genios, cuyo talento fue usurpado vilmente por algunos de sus avispados coetáneos. Hombres brillantes, que jamás pudieron saborear las mieles del éxito, la gloria merecida. He aqui tres ejemplos, tal vez los más relevantes, de falsas atribuciones de invenciones que han cambiado para siempre el rumbo de la humanidad:
Meucci vs. Bell, por la invención del teléfono.
Durante años, la invención del teléfono fue atribuida erróneamente a Alexander Graham Bell, pero, en realidad, fue el italiano Antonio Meucci quien, algunos años antes (en 1860), lo inventara e hiciera la primera demostración pública del mismo. Él lo llamó “Teletrófono”. Desgraciadamente, Meucci se encontraba en una situación precaria, y fue incapaz de conseguir el dinero necesario para patentar su invento. Para más inri, el desdichado Antonio sufrió un accidente a raíz de una explosión en un barco de vapor, y su mujer se vio obligada a empeñar sus bienes, entre los que se encontraba el prototipo del primigenio teléfono, para pagar la recuperación de su marido. Todo parece indicar que dicho prototipo terminó en las manos del avispado y poco ético Alexander Graham Bell, quien se encargó de patentar el dispositivo, y gracias a este trámite, el americano fue considerado como su inventor original. Tuvo que pasar más de un siglo, concretamente hasta el 11 de junio de 2002, para que el Congreso de los Estados Unidos aprobase una resolución que reconocía la autoría del italiano Antonio Meucci como verdadero inventor del teléfono.
Antonio Meucci y Alexander Graham Bell
Nicéphore vs. Daguerre, por la invención de la fotografía.
Joseph-Nicéphore Niépce fue el primero que, en 1816, consiguió imágenes fotográficas. Desgraciadamente, ninguna de ellas se ha conservado, ya que las imágenes que conseguía perdían calidad y definición muy rápidamente, problema que, más tarde, lo llevaría a asociarse con Louis Daguerre, quien había resuelto el problemas gracias a la utilización de yoduro de plata y vapor de mercurio. Se considera por tanto, que la fotografía, como tal, fue inventada conjuntamente por Niépce y Daguerre. Desgraciadamente, años más tarde, cuando Niépce hubo muerto, Daguerre se aprovechó de los problemas económicos del hijo de su socio, para forzar a éste a aceptar borrar el nombre de su padre de los documentos que reconocían la co-autoría del invento y bautizar su descubrimiento como “Daguerrotipo.
Joseph-Nicéphore Niépce y Louis Daguerre
Tesla vs. Edison, por trabajos en el sector de la electricidad.
El caso de Nikola Tesla es realmente curioso. Pero para hablar de él, hay que mencionar primero a Thomas Alva Edison, un prolífico científico, inventor y empresario ya consagrado (no en vano se le atribuye la invención de la lampara incandescente o bombilla) que supo de la existencia de un joven con un talento para la ciencia sin parangón. Este joven era un croata llamado Nikola Tesla. Edison supo apreciar las cualidades del joven Nikola y no dudó en contratarlo para mejorar la eficacia de sus motores y generadores eléctricos, para lo que le prometió 50.000 dólares (toda una fortuna en aquella época) si lograba su cometido. No obstante, cuando Tesla lo logró, además de proporcionar a la compañía algunas patentes muy lucrativas, el chistoso de Edison reclinó su solicitud replicándole: “Tesla, usted no entiende nuestro humor americano.”
Esta desafortunada falta de honestidad provocó que Tesla a abandonase la compañía y fundara la suya propia, denominada “Tesla Electric Light & Manufacturing”. Desde esta empresa, Tesla emprendió la denominada “Guerra de las corrientes”, para demostrar que su sistema de corriente alterna era (como se acabaría demostrando), mucho más eficiente que el sistema de corriente continua de su antiguo mentor, Edison. Además, con estos desarrollos destinados al gran público, intento sufragarse la investigación y el desarrollo de otros inventos, muchos de los cuales, a día de hoy, son todavía desconocidos. Desgraciadamente, terminó muriendo solo y prácticamente arruinado, en la habitación de un hotel. Aún así, Tesla está considerado uno de los mejores inventores de la historia, y se le atribuyen multitud de inventos como, por ejemplo, la radio, la bombilla sin filamento, el submarino eléctrico, la lampara fluorescente, la transferencia inalámbrica de energía eléctrica, o incluso, según algunas fuentes y siendo anterior a la propia labor de Meucci, el teléfono.
Nikola Tesla y Thomas Alva Edison
Como curiosidad, Edison quiso desprestigiar a su rival intentando demostrar la peligrosidad de la corriente alterna, y aprovechó la oportunidad para ejecutar a Topsy, un elefante que había matado a tres personas, electrocutándolo con 6000 voltios de corriente alterna. Todavía perdura un vídeo del suceso:
Acabo de ver Chrysalis, un thriller policíaco ambientado en un futuro cercano que, aunque como película en sí no es nada del otro mundo, gira en torno una visión bastante particular de la quimera perseguida por la humanidad desde que tiene conciencia de si misma: la inmortalidad.
Sí, lo sé, la idea no es nueva. En películas de ciencia ficción me viene a la cabeza la mediocre “El Sexto Día” y seguro que el maestro P.K.Dick ya ha explorado esta noción en alguna de sus novelas, pero Chrysalis aborda esta fantasía desde un punto de vista especialmente verosímil; a través del almacenamiento y posterior implantación de la memoria de una persona en otro cuerpo. De esta forma se consigue una especie de inmortalidad de aquello que, en esencia, es alguien: sus pensamientos.
Todo esto todavía no es más que una fantasía cinematográfica, pero ya hay gente trabajando en este área. Microsoft por ejemplo, aunque de una forma muy primitiva, está desarrollando MyLifeBits, un software capaz de buscar en la vida de una persona a través del previo almacenamiento manual de sus pensamientos escritos, de sus conversaciones, de fotografías de momentos importantes o incluso otras instantáneas cotidianas.
Teniendo en cuenta que cada vez son más los avances en este campo, que ya no solo sabemos que el conocimiento, memoria y personalidad de un ser humano se almacenan en el cerebro, sino que además empezamos a descubrir en que parte concreta se almacenan los diferentes tipos de datos que conforman una vida. Quizás en un futuro más o menos cercano, seamos capaces de leer la memoria humana y a partir de allí, supongo que solo sería cuestión de tiempo el poder escribir también, esta memoria en otros cerebros.
Tal vez el mayor escollo de esta posibilidad no radique en la tecnología, sino en las repercusiones morales y legales. El derecho de sucesiones y la consideración legal del causante o muerto, tendrían que ser reinterpretados por completo.
Por otra parte, además del dudoso derecho a perpetuar una existencia hasta el infinito, o a seleccionar que existencias merecen ser o no inmortalizadas, estaría el espinoso tema de encontrar un cuerpo huésped en el que almacenar la conciencia. Un cuerpo cuya conciencia original debería ser erradicada, con las consiguientes repercusiones que también esto conllevaría.
Terrenos extraños aguardan al conocimiento humano.
No hace falta que se trate de un diluvio, pero imaginemos por un momento que nuestro planeta es asolado por un cataclismo, ya sea natural o fruto de la imprudencia humana, que extingue gran parte de la vida vegetal de la faz de la tierra. La ausencia de alimentos tan comunes y necesarios como el arroz, el trigo o las legumbres serían un duro golpe para nuestra especie.
A raíz de esta hipótesis, Noruega ha construido un enorme silo cuyo objetivo es albergar en condiciones óptimas para su supervivencia las semillas de todas las especies vegetales que existen. La estructura en cuestión es una especie de búnker situado a más de 130 metros de profundiad, en un hábitaculo excavado en roca arenisca, recubierto de paredes de hormigón armado y preparado para resistir terremotos, tsunamis e incluso impactos de carácter nuclear durante un minimo de 100 años.
Me parecen fantástico que se destinen los 2,3 millones de euros que ha costado la realización del silo, cantidad que por otra parte no me parece demasiado elevada dada la magnitud de proyecto, en iniciativas de este tipo, que a buen seguro tendrán una mayor repercusión en la humanidad que la investigación sobre nuevas armas bacteriológicas.
El 15 de Agosto de 1977, el radiotelescopio Big Ear registró una señal cuya procedencia es, todavía hoy, un misterio.
Al parecer, es la única señal de comunicación regístrada hasta la fecha cuyo orígen podría ser extraterrestre.
Desgraciadamente, debido a los vetustos équipos de la época, dicha señal no pudo ser grabada, quedando solamente constancia de la misma a través de un software que imprimió los valores de ruido de la misma. Esto fue lo que imprimió: “6EQUJ5″.
Por cierto, el nombre de la señal proviene de la anotación “WOW” que escribió el científico a cargo de la supervisión del radiotelescópio cuando se topó con semejante mensaje.
Aún así, eso no confirma, ni de lejos, la existencia de vida extraterrestre, pues ya han aparecido varias hipotésis para justificar la misma. A saber:
- Que provenga de la emisión de satélite artificial terrestre.
- Qué fuera producto de un acontecimiento astronómico tan potente como lejano.
Via Magonia, a través de algún Twitter que no logro recordar.
Más información técnica sobre la señal y el equipo utilizado para su regístro.
Oopart es el acrónimo inglés de “out of place artifacts”, o lo que es lo mismo, aquellos objetos o animales que por sus singulares características parece imposible que pertenezcan a la época en la que la ciencia los data.
Hay algunos, como las huellas de calzados ¿humanos? que aplastaron un trilobite (uno de los primeros animales que poblaron el planeta), parecen más ser fruto de la coincidencia que un indicio de una civilización pérdida.
Tal vez una pisada posterior, mucho más reciente sobre el fósil de un antiguo trilobite sea la explicación de todo el misterio.
O el planeador de Saggara, una supuesta maqueta de un aeroplano que en realidad parece que no es más que peculiar candelabro.
Sin embargo otros, como las pilas (a lo duracell) encontradas en la actual Baghdad (antigua Babilonia) que datan apróximadamente del año 2500 antes de Cristo y siguen sorprendiendo a muchos eruditos de todo el mundo.
También sorprende el mecanismo de Antykithera, considerado por muchos como el padre de los ordenadores actuales, un misterioso mecanismo de la antigua Grecia datado entre el 63 a.c y el 15 d.c y cuya función, pese a las teorias astronómicas que existen, todavía sigue siendo un misterio.El siguiente video, intenta desvelar algunos de sus detalles:
Soy bastante escéptico sobre los oopart’s, e incluso creo que algunos son fruto de la casualidad, de un cumúlo de extrañas circunstancias o simplemente de errores científicos en la datación de su edad. Sin embargo el halo de incertidumbre que los envuelve, no hace sino hacerlos más atractivos.
Tal vez el futuro, desvele algunos estos misterios.