La optimización de una página web para mejorar su posicionamiento en los buscadores se ha convertido, entre otras cosas, en un negocio. Y no es para menos; que cuando un usuario busca algo en Google acabe en una página u otra depende, en gran parte, de la posición que ocupa esa web en la página de resultados del buscador utilizado. Por tanto, a mejor posicionamiento en buscadores, mayor número de visitas recibimos. Y si nuestra página web es, o representa, nuestro negocio, la relación onerosa es obvia.
Son muchos los factores que contribuyen a determinar esta posición, pero los más importantes son, los enlaces recibidos y la forma en la que nuestro contenido es presentado. Respecto a los enlaces recibidos, poco hay que decir; parece lógico, aunque no siempre lo sea, que las páginas más relevantes sobre una determinada temática, sean aquellas más enlazadas, aquellas, por tanto, que más referenciadas en la red. Sin embargo, respecto a la forma de presentar nuestro contenido y respecto al propio contenido en sí, el asunto no es tan simple. Google “premia” aquellas páginas bien estructuradas; las que utilizan las etiquetas oportunas (como títulos, negritas, etc) para presentar partes concretas y significativas de texto, que no contienen errores de maquetación que dificulten su rastreo, o incluso que estén desarrolladas siguiendo unos determinados estándares.
Desgraciadamente, esta aparente lógica, aunque pueda ser adecuada en muchos escenarios, esconde también, un arma de doble filo: La forma en la que uno escribe, repercute (o puede repercutir) en el posicionamiento del contenido que hemos creado. Eso significa que nuestra riqueza linguística, la utilización de sinónimos, metáforas u otras figuras literarias puede llevarnos a sufrir una penalización indirecta de nuestro posicionamiento, pues el propio buscador puede tener dificultades para organizar correctamente, y con el peso que merece, el contenido que ha rastreado.
Así pues, para muchos autores de blogs, y en general cualquier usuario que genera contenido en internet y aspira a ser leído masivamente, se plantea un dilema: escribir con la libertad que uno desea, o dejarse corromper por las mieles de Google. Esperemos que las constantes mejoras en los algoritmos de búsqueda de los principales buscadores y la llegada de la tan cacareada web semántica, eliminen para siempre un dilema que, en el peor de los casos, no hace sino coartar el estilo y libertad creativa de quienes generan contenido en la red.
