Apple iPad, un agridulce iPhone supervitaminado

27 de Enero de 2010 /

“Fanboys”, ya podéis guardar vuestras bolas de cristal y dejar de hacer fotomontajes extraños con photoshop. Tras meses y meses de rumores, el esperado iPad, la interpretación de Apple del concepto de “Tablet-PC” ha sido presentado.

Apple iPad

No voy a mencionar las características del dispositivo, para eso tenéis cualquier página web especializada en la compañía de la manzana. No obstante, sí que voy a expresar algunas impresiones personales sobre el producto. Algunas de ellas positivas:

  • Será compatible con las aplicaciones hechas para iPhone/iPod. Por lo que, desde el dia de su lanzamiento, estará más que bien surtido.
  • El precio: desde 499 $. Ya veremos como traducen esa cifra a euros. Aún así, sin ser ninguna ganga, es más barato que lo que suele ser habitual en el mundo Apple, y más barato incluso que la mayoría de rumores que circulaban por la red.
  • El sistema operativo es una versión del iPhone OS. Sin embargo, como suele ser habitual en Apple, es visualmente impecable, con multitud de efectos que además sirven para reforzar la sensación de agilidad del sistema.
  • Se ha cuidado especialmente la autonomía del dispositivo. Se habla de una duración de la batería de 10 horas navegando por internet, y hasta 1 mes en “standby”.
  • El dispositivo, que cuenta con conexión Wifi y en algunos modelos también 3G, en este último caso podrá utilizarse con cualquier operador de telefonía móvil.

Y otras impresiones, negativas:

  • A pesar de la compatibilidad con iPhone OS, se presume la incompatibilidad con el resto de aplicaciones para Mac OSX. Eso nos deja, por ejemplo, con una versión de Safari que continua sin tener soporte para Flash.
  • Con el iPad, Apple está intentando conseguir lo mismo que ya ha logrado con el iPhone: Establecerse como censor de aquello publicable en el dispositivo pero, sobre todo, sacar tajada de todas las aplicaciones que se vendan para el mismo impidiendo así, el desarrollo de cierto software, como Flash, que, en pos de favorecer la capacidad de elección del usuario, menoscaba cierta cantidad potencial de ingresos de la compañía de Cupertino.
  • Pese a la preciosa aplicación para leer y gestionar libros electrónicos, llamada iBook, la pantalla LED del dispositivo no es lo más adecuado para lecturas prolongadas. Ya ha quedado demostrado que, hoy por hoy, las únicas pantallas que no cansan la vista son aquellas de tinta electrónica, incorporadas en productos especializados como el Amazon Kindle, el Sony Reader o los lectores iRex de iLiad.
  • No han especificado nada al respecto, pero parece que el sistema operativo sufre las mismas carencias que el iPhone OS, como la ausencia de multitarea.
  • Su potencia gráfica, no parece nada del otro jueves. Probablemente inferior a lo que puede ofrecer cualquier portátil de hoy en día. Sinceramente, esperaba algo más en este campo.

El departamento de marketing de Apple va a tener que trabajar duro para conseguir que el iPad triunfe de la manera que Steve Jobs quiere. Para conseguir demostrar al gran público, lo que ya demostró con el iPhone, que pese a no aportar ninguna característica revolucionaria, sí que hace lo de siempre, mejor que nunca. Tan bien como para justificar su compra.

Los éxitos de Apple: desde el iPhone hasta el inminente “iTablet” iPad

26 de Enero de 2010 /

A menos de 24 horas para la esperada conferencia de Apple, dónde supuestamente se presentará el iPad (o iSlate, o iTablet…), me gustaría hacer una reflexión sobre el enorme éxito de los productos de Apple, tomando como paradigma de éste el abrumador triunfo de su producto estrella, el iPhone.

Ilustración de Steve Jobs por Dylan Roscover
Ilustración de Steve Jobs, CEO y “alma mater” de Apple.
Por Dylan Roscover
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Al igual que muchos productos de la compañía de Cupertino, el iPhone se presentó como una revolución. Un producto cuyas características únicas traerian consigo nuevos conceptos, ni si quiera imaginados, de comunicación móvil. A decir verdad, tal revolución, no existió. De buenas a primeras, el dispositivo no aportó ninguna característica que no se encontrara ya en otros terminales. Sin embargo, gracias a una simbiosis magistral entre hardware y, sobre todo, software, Apple logró perfeccionar hasta tal punto la mayoría de prestaciones de los llamados “smartphones” de la época, que acabó reinventando la rueda. Una rueda hasta entonces vieja, tosca y poligonal, sustituida por un modelo suave, de curva ligera y perfecta, que simplemente, rodaba como nunca. Desde entonces, desplazarse por los menús y las pantallas de un teléfono, jamás fue tan ágil e intuitivo. Navegar por internet en una pantalla de tres pulgadas, dejó de ser aquella experiencia insufrible, aquel último y tedioso recurso para recabar una información inalcanzable de otro modo. Pero fue gracias a la aparición de un mercado de aplicaciones vasto y super accesible, de un ecosistema de apliaciones que cubrió prácticamente cualquier necesidad, propiciando además que, por un lado, los teléfonos empezaran a rivalizar con las consolas portátiles y por otro, que la llamada “conectividad total”, se hiciera realidad. Poder utilizar el correo electrónico (de forma útil) en cualquier parte, estar (a efectos prácticos) permanentemente conectado a nuestro servicio de mensajería instantánea o recibir prácticamente en tiempo real las actualizaciones de nuestra red social favorita dejaron de ser algo impropio de dispositivos de bolsillo.

No obstante, si mañana Apple anuncia un “tablet”, cosa que parece cantada, se enfrenta a un reto muy importante: convencer a los usuarios que existe un hueco funcional que desconocían y que además, no es capaz de ser suplido por ningún ordenador hasta la fecha (ya sea de sobremesa o portátil), ni si quiera por su versatil teléfono móvil. Sinceramente, me parece una gesta difícil. Quizás, el golpe de efecto definitivo, esté en los videojuegos. Además de ser un terreno no explotado directamente por Apple (pese al éxito que tienen los juegos en la Apple Store), Nintendo ya demostró que es un campo dónde queda mucho por hacer y mucho por explotar.