Pagar la misma diversión varias veces

26 de abril de 2009 /

La industria del entretenimiento, pese a que finja, traicionera ella, estar de rodillas a merced del “diablo de internet” (emule, ares, rapidshare y demás), exprime a sus clientes como ningúna otra.

La aparición periódica y constante de nuevos soportes provoca que las reediciones de material preexistente estén a la orden del día, y la evolución tecnológica se ha erigido como estandarte, o excusa, para que el consumidor sufra en su bolsillo esta constante actualización.
No me malinterpretéis, me parece lógico, loable y personalmente apetecible que exista una mejora constante de la tecnología; que los televisores tengan cada vez más resolución, que los aparatos de música suenen cada vez mejor (si eso todavía es posible) y que los videojuegos gocen de una apariencia cada vez más realista, pero sencillamente, es vergonzoso que nos cobren una y otra vez por el mismo material.

El mundo del cine, por ejemplo. La aparición del VHS, el DVD, el Bluray o últimamente los servicios de video a la carta agravian al consumidor reiterativamente, de tal forma que si, por ejemplo alguien compró en su día la trilogía de “El Padrino” en VHS y ahora quiere disfrutarla en alta definición en su nueva televisión plana, debe volver a comprarla en HD. Pecando de una inusitada candidez, tal vez podría argumentarse que el consumidor está volviendo a pagar porque ahora disfrutará de una calidad superior o incluso de un contenido adicional, todo ello consecuencia de un nuevo esfuerzo de las empresas productoras que debe ser recompensado económicamente. Pero la triste realidad es que en el caso del Bluray concretamente, esto no suele ser así, de hecho, muchas reediciones aparecidas hasta ahora tienen una calidad que, pese a ser en alta definición, deja bastante que desear.

Algo parecido sucede con la música, donde los soportes físicos están desapareciendo. Cada vez menos gente escucha música en un CD de audio. Los iPod’s, los teléfonos móviles y demás reproductores mp3 se han impuesto casi por completo. Aunque aquí al menos, cabe la posibilidad de que el propio usuario convierta su música a formato digital, pues este último formato, pese a sus ventajas, no tiene una calidad necesariamente superior al tradicional CD.

El mundo de los videojuegos sin embargo, hasta ahora se había mantenido inmune a esta onerosa lacra, pero actualmente está sucediendo algo todavía más deleznable.
De hecho, la industria lúdica empieza a gozar de una cierta madurez, aunque sea solo en un sentido cronológico. Las desarrolladoras son conscientes de la existencia de nuevas generaciones de jugadores que no conocen algunos juegos antiguos pero excelentes, y por antiguos me refiero a que pertenecen a sistemas ya descatalogados, y se han decidido a explotarlos económicamente, otra vez. Muchos de estos títulos son joyas intemporales que han proporcionado horas y horas de diversión a millones de personas, pero su relanzamiento se realiza en unas condiciones totalmente anacrónicas.
Afortunadamente algunas empresas realizan un “remake” importante, volviendo a desarrollar todos los gráficos en alta definición o incluyendo contenido inédito e importante que merece ser pagado, pero la mayoría de las veces se trata del mismo título, sin haber sido modificado ni un ápice.
Estos juegos ya están hechos, y por lo tanto la inversión de su desarrollo, ya fue recuperada. Es más, su reedición se lleva a término gracias a todas las personas que compraron el título original pues nadie tiene interés en volver a poner en el mercado títulos mediocres que el público ya rechazó en su día.

Resultaría lógico pues que existieran descuentos considerables para los antiguos compradores de estos títulos reeditados, ya sean juegos, películas o música, y que ahora quieren volver a disfrutarlos en sus nuevos sistemas. Pero nunca es así.
En realidad no sería algo díficil de implementar. Bastaría con enviar algún número de serie, algún recorte discreto del packaging” o incluso el propio soporte físico.

Los consumidores tenemos el poder de imponer nuestros deseos, nuestras exigencias, pero solo lo conseguiremos haciéndolo de forma masiva.