Love, la serie de Netflix

Chico conoce a chica y se enamoran. Es la misma historia repetida hasta la saciedad, ¿no?

Pues no, Love es diferente. Es una oda a las relaciones sentimentales de nuestro tiempo. Es una serie que saca a la luz toda nuestra hipocresía y nuestras inseguridades al mismo tiempo que habla de adicciones, miedos y egoísmo en esta época de amor líquido en la que cada vez resulta más difícil distinguir la juventud con lo que se supone que debiera ser la madurez.

Es, por tanto, un cuadro contemporáneo y tragicómico (¿podía ser de otro modo?) de esa poderosa fuerza que impulsa todo aquello que nos hace humanos: el amor.

Atención, a partir de aquí el texto contiene spoilers.

Los protagonistas

Gus es un nerd, bastante inseguro, que trabaja como profesor de niños actores. Gusta de aficiones tan extrañas como reunirse con sus amigos para crear bandas sonoras para los títulos de crédito de películas que carecen de música en los títulos de crédito y trabaja a merced de los caprichos de una niña actriz que probablemente gana más dinero en un episodio que él en todo un año. Sin embargo, también le reporta algunos beneficios añadidos como el conocer o incluso mantener relaciones con atractivas estrellas de segunda clase.

Lo más chocante, y en ocasiones inverosímil, del personaje resultan, no obstante, son impulsos. Un tipo tan metódico como él, que lleva una vida bastante ordenadas y cuyas aficiones, aunque frikis, podrían considerarse como sanas, sufre, en ocasiones, arrebatos propios de un energúmeno, lo que, por otra parte para fortuna del espectador, lo lleva a vivir situaciones de los más surrealistas.

Mickey es su antítesis. Una mujer de treinta años, alcohólica (aunque lleva más de un año sin beber) y que tiene una relación un tipo que no le va a la zaga, con un cocainómano con que adolece de dependencia todavía mayor  que la que lo ata a las drogas: su madre.

Mickey trabaja en un programa de radio que es algo así como un consultorio sentimental donde un psicólogo (manipulador, pusilánime y bastante pirado, por cierto) brinda consejos a los oyentes que llaman por teléfono.

A diferencia de Gus, Mickey se deja llevar por su instinto y sus impulsos. Es atractiva, inteligente y decidida, pero incapaz su filosofía de vida la ha conducido, por lo menos en una ocasión, al borde del abismo. Y encuentra en Gus el orden que necesita, pese a que, a priori, sea también el tipo de hombre en el que no se fijaría, precisamente por lo opuesto de ella misma que parece.


Es precisamente este contraste de personalidades, de enfrentarse de maneras tan distintas a problemas similares, lo que los hace interesantes para el espectador y, al mismo tiempo, va forjando una atracción entre ellos. Después de todo, cada uno ve en el otro un fragmento de cómo le gustaría ser.

En resumen, una serie interesante que si bien peca de cierta lentitud en el desarrollo de sus múltiples sub-tramas, resulta una comedia ácida, llena de diálogos ingeniosos y situaciones sorprendentes.

Buena.

¿Estás pensando en verla? Esto es lo que te encontrarás… He aquí algunos de sus momentos estelares

  • Cómo Gus y Mickey se conocen es glorioso. No solo por el momento exacto (en el “seven eleven”)-, sino por el particular día que comparten a continuación; pillando un colocón de marihuana al hacer un “submarino” dentro del Mercedes tan vintage que tiene Mickey.
  • A Gus le proponen participar un trio… con inesperadas consecuencias.
  • El viaje narcótico de Mickey por el metro de Los Angeles, acompañada únicamente por un singula- r tipo que ha conocido esa misma noche.

Por cierto, aunque la serie no ha gozado de la popularidad de otras series originales de Netflix, ya hay una segunda temporada confirmada. Incluso han publicado un trailer de la misma:

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